lunes, septiembre 18, 2006

por una cabeza


ni pingos, ni matungos, en el Hipodromo madrileño abunda la familia y el programa bien de domingo.

Con madrugón incluído (10am en el día del señor es indiscutiblemente un madrugón) fuimos con S., A., y unos amigos de A. -je, me encanta esto de las iniciales, vicio/marca de estilo blogger pa resguardar identidades ajenas- a disfrutar de la segunda jornada de carreras de la Temporada de Otoño en el Hipodromo de la Zarzuela ; algo así, y con todo lo que eso implica, como ir a ver polo en la querida Buenos Aires.

Sí, mucha gente agropecuaria, mujeres fasssion (¡qué manía, españoles queridos! la de pronunciar palabras inglesas en castellano) y varones con camisa a rayas, cinturon de cuero trenzado y zapatos nauticos. Además de un ambiente "de día de campo", glorificado por un sol ya casi de otoño que hoy calentaba lo justo y un verde oscuro (el de la pista) que terminaba de imponer el calificativo de saludable al paseo dominguero.

Es que, ni nervios, ni estrés, en el Hipódromo de la zarzuela, las apuestas son un juego inocente, el que juegan los padres después de enseñarle los caballos a los niños y mientras se toman una cerveza y comen una butifarra asada.

En fin, que en la zarzuela, el burrero porteño, ese con las fijas bajo el sobaco y
el grito en el cuello de "Leguisamo solo" bajando desde la popular, sería una especie dificil de justificar.

y sí, y acá viene la disyuntiva de siempre: tan muy bien los pingos en plan familiar, pero que sé yo, con un "Palermo, cuna del orre,por tu culpa ando sin cobre", sobran desdichas pero abundan tangos como éstos.

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