jueves, noviembre 30, 2006

expiación



A uno de mis escritores favoritos lo acusan de haber plagiado lo que para mi gusto es una de las mejores novelas de la última década; y digo década y no de toda la historia porque no soy exagerada y creo en la mesura. Aunque si lo pienso dos veces diría que es la mejor novela que leí de toda MI historia, que no es larga pero es mia y ahí sí que puedo opinar.

El enojo infantil que tuve al leer la noticia, cuya evolución fue desde el cuestionamiento de “¿Quién se atreve a ensuciar el aura de obra maestra de este libro?”, “¿Por qué se meten con esta novela impecable?, a la desesperanzada retórica de ¿¿¿No hay nada ni nadie que este libre de culpas en este maldito mundo???, me hizo pensar en la forma tan personal (y a veces pasional) que nosotros lectores nos apropiamos de la literatura. Buscando explicaciones en las profundidades profundas de mi mente (ok, no soy tan mesurada como pensaba) me acordé de este artículo Sobre la pasión lectora que leí en El País. La nota, que después me enteré le valió a la autora un premio de 12.000 euros, explica sin que le sobre una palabra la relación que se establece entre lector y objeto de lectura. Lo que escribe esta mujer que aboga por que la ropa tenga un bolsillo del tamaño de un libro manejable, “como pasa ya con los móviles", no tiene desperdicio. Además me sentí tan identificada que hasta que no leí el detalle del libro forrado pensé que la chica del metro de la que habla era yo.
En cuanto a la acusación de plagio, el descargo del propio Ian McEwan y algunas repercusiones me convencieron.Así que no más basura sobre el asunto, por favor.

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